Burla
burlando, hemos llegado prácticamente al final del primer mes de este recién
estrenado año 2026. Y parece que fue
ayer casi cuando lo recibíamos con toda la parafernalia con la que últimamente
entronizamos y damos la bienvenida a cada nuevo año; por aquello, quizá, de que
el mismo se avenga a ser generoso y bueno en esencia con todos durante su
transcurso entre nosotros. O a ser “próspero
y venturoso” en una palabra, como recoge el dicho popular con el que se
felicita ampliamente a unos y a otros a principios de año.
Y es que
el tiempo pasa a la velocidad del rayo, como aquel que dice; sin que apenas nos
demos cuenta más que cuando pasamos la hoja del calendario al finalizar cada
mes, pudiera decirse. Aunque es
evidente que no sólo en ese detalle, sino también en otros muchos aspectos más
del día a día, notamos cada uno de nosotros el inexorable paso del tiempo.
Y es así
que, aun bajo el peso de la llamada “cuesta de enero” de estas fechas, hemos
tenido ya en estos pocos días, entre otras cosas, un tiempo extra para pensar
en nuestras mascotas, que conviven fielmente con nosotros en nuestras casas, y
las hemos dedicado un día entero para ellas, con bendición eclesial de las
mismas, incluso, para su protección durante todo el año; en concreto el pasado
17, con San Antón como su incondicional patrono.
Y ya como
estamos en esta pendiente irremediable hacia abajo de los días del calendario,
no ha de pasar mucho más de una semana y unos días para que los palentinos
volvamos a estar convocados a la fiesta.
Será entonces con ocasión de la celebración de la Patrona de la ciudad,
nuestra querida Virgen de la Calle, el próximo dos de febrero.
Y como no
hay dos sin tres en esto de las celebraciones festivas, pasado ese dos de
febrero, habrá que comenzar a idear los trajes que nos servirán como disfraz de
camuflaje en los Carnavales de este año; que no tardarán en llegar una vez
hayamos doblado el ecuador de febrero.
Aunque,
de pronto, todos estos planes se nos han venido a teñir de luto con motivo del
desgraciado accidente de los trenes de Córdoba; que tardaremos mucho en
reponernos del mazazo que nos ha supuesto.

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