Para los palentinos, decir “pan
y quesillo” acercándonos a estos días de abril, es referirnos clara y
significativamente a la entrañable y popular romería del mismo nombre en el no
menos popular y entrañable barrio del Cristo de Palencia.
Y es que, en efecto, la
tenemos los palentinos tan profundamente instalada en nuestro interior esta tan
popular romería de nuestra capital que al llegar el 16 de abril, festividad de
Santo Toribio, de inmediato situamos en el calendario el domingo más próximo,
porque sabemos que en ese día vamos a estar de romería en la ciudad.
Y como es ya una larga
tradición, media ciudad se desplaza hasta los entornos del Cerro del Otero en
este barrio del Cristo, para asistir e incluso ser protagonistas en primera
persona de los aconteceres de esta popular romería.
Que, según la tradición más
ancestral, recrea el supuesto apedreamiento a este Santo en un tiempo pasado;
leyenda bien conocida en la ciudad.
En concreto, el momento culmen
de la misma, la tradicional pedrea de “pan y quesillo”, materializada en miles
de bolsas con estos dos productos, que son arrojadas por los aires desde la
ermita del Santo –a medio camino del Cerro-, para caer en manos de algunos de
los cientos de palentinos allí congregados, ávidos por conseguir alguna de esas
bolsas voladoras. Algunas de ellas
pasando sobre las cabezas de la masa de gente para aterrizar algunos metros más
abajo. En tanto que otras, tras incluso
ejecutar arriesgados ejercicios de acrobacia, son atrapadas por manos hábiles
sobre brazos que prolongan su acción para la ocasión.
Que para todo en esta romería
se necesita maña, y hasta una cierta preparación física para poder ascender
cerro arriba hasta casi los mismos pies de la escultura de nuestro Cristo
protector de la ciudad; con el aliciente también de poder tener acceso a una
espectacular visión de Palencia y sus alrededores desde una posición tan
privilegiada.
Y allá abajo, la romería sigue
entre tenderetes y puestos que ofrecen las típicas y consabidas avellanas y las
no menos ricas almendras. En tanto que
los caracoles, cocinados y aderezados al punto, tienen también su hueco en la
romería.

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