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miércoles, 4 de junio de 2025

Pueblos vaciados

 


Hace unos días mi pueblo, Velillas del Duque, enclavado en el área de influencia de la amplia comarca saldañesa de la Vega-Valdavia, celebró sus fiestas patronales del presente año; consiguiendo sacar a la luz un familiar y animado programa de fiestas.


Y ello, a pesar de que Velillas sufre también el mal endémico de la despoblación rural, donde el número de sus habitantes no llega a superar la cifra de veinticinco a lo largo de todo el año.  Así que, todos unidos, consiguieron afrontar la situación y sacar adelante este entusiasta programa de actos.


Y es que cada año desciende el censo de los residentes en el pueblo en una curva en pendiente muy inclinada hacia abajo, que hace temer lo peor en unos pocos años, cinco, diez... 


Eso sí, en los meses de verano se percibe que su población puede hasta duplicarse durante alguna de las quincenas, porque se abren algunas de las casas que durante el resto del año permanecen cerradas o llegan familiares de los residentes habituales a pasar algunos días con ellos.   Pero siempre será muy pequeño el aumento de los habitantes, puramente testimonial, a efectos de asentar población. 


Si bien en el último tiempo, al estar ubicado muy próximo a Saldaña, se percibe que Velillas ha recibido en sus calles a algunos vecinos nuevos procedentes de la vecina Saldaña, que han construido sus casas en el pueblo para una segunda vivienda; pero que en esencia se cuentan con los dedos de una mano.  Algo es algo, pudiera decirse; pero a todas luces muy exiguo el incremento poblacional.


Así que, con todos estos escasos mimbres, tendremos que construir nuestros cestos; esto es, el futuro del pueblo, enmarcado ahora dentro de lo que ha venido en llamarse la España vaciada.


Fábricas o industrias cercanas no aparecen en su demarcación más próxima, así que por ahí no podría fomentarse un potencial aumento de población.


Eso sí, a nivel de curiosidad y como meramente testimonial, habría que decir que en Velillas se asienta una pequeña industria familiar de elaboración de helados que, qué duda cabe, le proporciona al pueblo un cierto prestigio, con proyección territorial.  Algo es algo.

 

 (Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 04/06/2025)

 

 

 


miércoles, 7 de septiembre de 2022

Regreso emocionado

 


Me he sentido muy feliz y emocionado al volver a pisar estas calles y estos caminos de mi querido Velillas del Duque, mi pueblo de referencia de aquellos años de niñez y adolescencia que, junto al resto de chavales de aquel entonces, nos viera corretear por sus calles, divertirnos cada día en sus entornos con infinidad de juegos, mitad inventados, mitad entroncados en la más rancia tradición; y, sobre todo, buscando cualquier excusa para estar siempre en la calle.  Una tierra, en definitiva, que pasaría luego en la edad adulta a formar parte del yo constante de mis referencias; y que este verano ha vuelto a mostrarse brillando con luz propia y  con sus calles colmadas de voces.


Unos predios estos que, andando el tiempo, tantas veces he tenido el privilegio de poder sentir como inspiración en no pocos ratos de escritura frente a la hoja de papel, glosando y ensalzando las costumbres, las fiestas, las tradiciones, el buen hacer y la vida en general de las gentes de mi tierra.


Por eso ahora, al poner el pie sobre estos entornos y recorrer de nuevo tantos años después estos caminos, la emoción me ha podido por completo y ha hecho que mi sentimiento acabe desbordado por entero.


Y al levantar un poco más la vista en la distancia y divisar en el horizonte de nuevo estos páramos, testigos mudos de tantos años teniéndolos como referencia imaginaria, y estas tierras de labor que saben mucho de aquellos arduos y penosos trabajos de recolección de las cosechas por parte de nuestros mayores, no puedo por menos que admirar de nuevo a aquellas personas y dejar reblandecerse al corazón al pensar en ellas.


Porque son muchos los recuerdos de aquel tiempo del ayer que en estos momentos han vuelto a sobrevolar sobre estas llanuras y estas tierras de labor, no sé muy bien si invitándome a la reflexión y a tratar de que pruebe a ensayar en el lugar algún tipo de estancia de más larga duración.  O simplemente, se trate de alimentar aún más las claras referencias de aquel tiempo.


Intentaré, en cualquier caso, dilucidar lo que el pensamiento ha querido transmitirme a golpe de recuerdo. Y, de encontrarlo, ensayaré el ponerlo en práctica. 

 

 (Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 07/09/2022)


miércoles, 14 de septiembre de 2016

ESTO ES TAMBIÉN EL VERANO (Y II)


 
Foto: Iglesia de Velillas del Duque (Internet)
 
 
Y en aquellas vacaciones de verano en las que habíamos dejado en el capítulo anterior a los escolares de Velillas del Duque de aquel entonces –entre los que me encontraba-, y teniendo siempre presente los consejos de nuestra maestra, el ayudar en las faenas agrícolas en el hogar era algo que, incluso, llevábamos muy a gala y que cada año iban aumentando en dedicación y responsabilidad añadidas. Y eso nos enorgullecía porque, entre otras cosas, significaba que nos íbamos haciendo mayores, algo que buscábamos con verdaderas ansias y que comprobábamos en cada nuevo encargo que se nos encomendaba.
 
Así como con alguna otra tarea que, dentro también de estas faenas del campo, asumíamos con interés por la novedad que representaba para nosotros, como era el acompañar y ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a los mayores de la casa, de madrugada, en el acarreo de la mies hasta la era, pero eso sí, en lo que se conocía como el “segundo viaje”, o sea amaneciendo ya.  Que en realidad, no sé por qué ese interés, si nos tocaba madrugar de lo lindo; aunque a los chavales, lo que más nos gustaba de todo aquello era ir subidos en lo alto del carro, encima de la mies, hasta llegar a la era.
 
Luego, vendrían los trabajos de la trilla de esta mies en la era durante todo el día, en los que colaborábamos también de una manera evidente. Si bien, estábamos deseando que estos concluyesen pronto para así tener tiempo libre y reunirnos de inmediato con los amigos en la plaza, contarnos las incidencias del día y sumergirnos en los pormenores de algún juego que otro.
 
Y así jornada tras jornada, pero con el pensamiento puesto en los primeros días de septiembre, porque en esas fechas se celebraban las fiestas en la vecina localidad de Saldaña, a la sazón capital de toda aquella amplia Comarca. Y, para nosotros, verdadera referencia plástica donde podíamos encontrar todo aquello que precisásemos para el día a día en el pueblo; y donde cada vez que acudíamos, se nos abría todo un mundo diferente al que conocíamos, lleno de posibilidades, ni siquiera imaginadas antes.
 
 Así que, cuando llegados los primeros días de septiembre, con la cosecha ya recogida, acudíamos a Saldaña para vivir su fiesta –que era un poco la de toda la Comarca- la emoción que sentíamos en la procesión con la Virgen del Valle, la posterior comida en la campa y luego la visita a las atracciones de feria –con los increíbles coches de pista-, era inimaginable.
 
(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 14/09/2016)
 


miércoles, 7 de septiembre de 2016

ESTO ES TAMBIÉN EL VERANO (1)

Velillas del Duque (Foto Internet "Tomás")
 
 
Es justo en verano, cuando más concurridos se muestran nuestros pueblos y más protagonismo recobran, cuando a uno, que vivió en uno de ellos (Velillas del Duque, en concreto), tanto la niñez como la adolescencia, al regresar estos días a él, más le puede la nostalgia.  Y cada rincón del mismo que visita, es un cúmulo de recuerdos a lomos del tiempo.
 
Porque es la casa familiar y el gran patio central donde aprendiera a dar los primeros pasos, y luego fuera el escenario ideal de mis juegos de niñez a cualquier hora del día, en medio del mismo o a la sombra de la vieja higuera que nos proporcionaba aquellos abundantes y jugosos frutos; y con aquel par de gatos remoloneando de continuo por sus inmediaciones, siempre mimosos y atentos a cualquier porción de comida que se les ofreciese.
 
Es la escuela, donde comenzó a desarrollarse nuestra temprana inteligencia, asimilando un sinfín de conocimientos que nuestra maestra nos ofrecía día a día con inmenso cariño y dedicación; donde cultivamos nuestras primeras amistades que luego fomentaríamos en el tiempo de juegos; donde aprendimos que el mundo excedía aquellos límites territoriales nuestros y que era algo inabarcable, pero que nos gustaría algún día, cuando fuésemos mayores, poder comprobar por nuestros propios medios. Y que, aunque la escuela nos gustaba y a ella acudíamos cada día con aparente alegría, experimentábamos un gozo especial cuando llegaba el verano y la maestra nos anunciaba aquello de que, por vacaciones, se despedía de nosotros hasta pasados dos largos meses, que nos portásemos bien y que ayudásemos en casa todo lo posible...
 
Es el grupo de amigos, con los que aprendimos cada rincón del pueblo, cada calleja y cada guarida de los pájaros que gustaban de pasar la noche en aquellos alrededores. Y colegas con los que, aparte de jugar y jugar cada día en horas que se hacían interminables, o practicar nuestras particulares artes de pesca en los arroyos que circundan el pueblo y en las caudalosas aguas del río que riega sus tierras, experimentamos de manera incipiente la llamada del otro sexo y probamos a guardar el secreto. Y es el recuerdo que ahora se agolpa en mi mente cuando paso junto al lugar donde estuvo nuestra casa familiar, y me imagino partiendo toda la familia camino de la capital de la provincia, con nuestros enseres, para comenzar una nueva vida; algo que acabaría haciendo la práctica totalidad de los amigos y sus familias.

 
(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 7/09/2016)
 


domingo, 31 de enero de 2016

“Viento”


Velillas del Duque

Viento, es un cortometraje de ficción rodado este verano pasado en cuatro localidades palentinas, dirigido por David Argüelles, que es, a su vez, el autor del guión.

Narra, según su autor, las contrariedades y diferentes trances por los que pasa un hombre que un buen día, pasado el tiempo, regresa al lugar donde nació. Una visión de un pasado no demasiado dulce, a la par que cargado de un cierto misterio, vista  a través de los ojos de un niño primero y luego de un adulto en el que se convertirá más tarde; y con una presencia casi constante del viento en diversas intensidades, haciendo honor al título del corto.

La historia y el corto en sí, hubieran pasado desapercibidos para mí, si no fuera porque, ¡oh casualidad!, está rodado en buena parte de sus escenas en la localidad palentina de Velillas del Duque, a la sazón el pueblo donde viví cuando niño y primera etapa de mi adolescencia; y que me viera correr por sus calles y campos.  Calles y campos que han servido ahora de escenario para el rodaje de este cortometraje.

Por ello lo traigo a mi Blog, con la referencia al mismo que ha hecho estos días “Diario Palentino” en sus páginas.