Pues así como el que no quiere
la cosa, estamos iniciando el mes de julio que, junto al próximo de agosto,
marcan indefectiblemente cada año el tiempo de verano por excelencia.
En nuestro entorno más
próximo, vemos cómo los colegios y centros de enseñanza cierran sus puertas a
cal y canto echando abajo sus persianas, y los estudiantes pasan
automáticamente a gozar de estos dos meses de libertad total lejos de libros,
apuntes y pruebas de examen varias.
De otra parte, el resto de la
población se dedica en cuerpo y alma a preparar sus días de vacaciones por aquí
y por allá, que van adaptando a sus circunstancias particulares y que irán
tomándolas de manera progresiva según vayan llegando los días.
Y, en tanto se acercan esas
fechas tan esperadas por unos y por otros, las calles y plazas de nuestros
pueblos y ciudades se llenan cada día de paseantes aprovechando la excelencia
de la temperatura ambiente; encontrando su mejor acomodo al caer la tarde,
cuando la fuerza del sol va mermando y el lugar en el que te encuentres, ya sea
el campo o la ciudad, parece ejercer su mayor grado de influencia, haciendo que
el momento que vives quisieras prolongarlo más allá del tiempo de la retirada y
hacerlo casi infinito; pues es tal la sensación de bienestar que sientes, que
quieres que aquello no se acabe.
Y cuando, cumplidos ya todos
los plazos que fuiste otorgando al paso de las horas, y decides que, aún contra
buena parte de tu voluntad, tus flirteos con la noche deben poner fin,
caminando con paso lento en dirección a tu casa sientes cómo tu pensamiento te
va trasladando por momentos al lugar que elegiste para tus vacaciones,
valiéndose del recuerdo que dejaron en tu memoria algunas de las imágenes que,
vía internet, te ayudaron a apostar por el sitio en concreto, con la
inestimable ayuda de la intuición personal, que también en este caso quiere
ocupar su espacio.
La noche, entretanto, va
avanzando firme en la sucesión de sus horas, mientras en el conjunto de los
edificios de la ciudad van apagándose poco a poco las luces de sus ventanas
como señal de que el día ha concluido.
