miércoles, 19 de febrero de 2014

DEL INVIERNO QUE PADECEMOS


Aunque la inusitada furia de estos días de nuestro mar Cantábrico –mar de referencia de Castilla-, no haya llegado, por razones obvias, hasta estas tierras altas de la península, no por ello no hemos tenido que soportar también por aquí buena parte de los embates de la casi continuada procesión de temporales que nos han visitado durante buena parte de los días que llevamos del mes de febrero y últimas fechas de enero.

Que conociendo, padeciendo y soportando, en suma, su contundente acción, su máxima parecía ser única un día sí y otro también; pues no habían acabado de retirarse los últimos estertores de la borrasca anterior y, sin apenas tregua para la reparación de los daños y la recuperación, tanto física como emocional del personal, los meteorólogos nos estaban anunciando ya el siguiente temporal; y de mayor crudeza si cabe. Y tras éste un tercero, y un cuarto… Un suma y sigue interminable de ciclogénesis explosivas y tormentas perfectas barriendo la práctica totalidad de la península, con sus fuertes rachas de viento, sus intensas lluvias, sus copiosas nevadas y sus gigantescas olas en la costa.

Así que, a la vista de lo cual, uno sintió de pronto la necesidad de conocer algo más sobre el particular y tomó asiento frente al ordenador, moviendo de acá para allá algunos pequeños contactos (llámense buscadores o webs de referencia) tratando de conocer los motivos y las razones, así como alguna que otra información más sobre tales temporales y borrascas. Y lo que resultó de entrada fue que toda esta serie de fenómenos atmosféricos aparecían “bautizados” con nombres femeninos todos ellos, tales como “Qumaira”, “Ruth”, “Stephanie”…; “pura casualidad seguramente”, decía la información.
 
Y claro, hablando en estos términos tampoco habría que olvidar que estamos en febrero, mes que arrastra consigo el “sambenito” de ser conocido como “febrerillo loco”. Así que quizá habría que achacarle su parte mala de la situación a esta tradición atmosférica que le viene caracterizando, hecha realidad en estas últimas fechas, aunque de una manera bastante drástica y destructiva. Y, además, pareciendo querer enquistarse y quedarse entre nosotros con unas condiciones tan contundentes. O sea, que así quedamos a la espera de una mejoría en toda regla, que nos marque el camino de una incipiente y temprana primavera. Que esto último se lleve a cabo pronto, claro está.

(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 19/02/2014)
 

miércoles, 12 de febrero de 2014

UNA FIESTA Y UN CARRO


Animada en alto grado y devolviéndonos unos cuantos años atrás en el tiempo, se mostraba días pasados nuestra Plaza Mayor y algunos de sus espacios más próximos, con motivo de la celebración de Las Candelas y su Mercado Tradicional y popular de Palencia.

Y tan ambientado estaba el lugar con sus mil y un cachivaches, atracciones y divertimentos al uso, que es lo que decían a golpe pronto un grupo de palentinos allí presentes ese mismo día de la Patrona, en pleno fragor de la fiesta; al observar cómo junto a ellos se dejaba ver la presencia de un carro de varas de los de antes, tirado por un apacible y peludo borrico; siendo, tanto el animal como el propio carruaje, la atracción de la grey infantil, que pugnaban a cada paso por subirse sobre ellos para un corto paseo por el interior de la Plaza.

Lo que les llevaría a este grupo de palentinos a comentar entre bromas y veras lo siguiente: Porque no es posible ya, pero si el gran Manolo Escobar estuviese aún entre nosotros, seguro que más de un palentino estaría en estos momentos haciéndole saber al cantante mediante una llamada de móvil la buena nueva del momento: Que no buscase más, que no se volviese loco pregonándolo por aquí y por allá, que su famoso carro, al que con tanto detalle describía en su canción del mismo nombre, había aparecido ya, ¡albricias! pues. Y que lo había hecho entre nosotros, los palentinos.  Y nada menos que en plena Plaza Mayor de Palencia.

Pero que no era preciso que se diese excesiva prisa el cantante en venir a recogerlo, porque estaba siendo muy bien tratado por los palentinos.

Y es que, en efecto, el carro en cuestión, con sus continuados paseos por este recinto capitalino, formaba parte, como un atractivo más, del conjunto de actividades programadas con motivo de tan excelsa celebración festiva.
 
En tanto en derredor suyo, el resto del perímetro urbano iba recibiendo poco a poco y de una forma continuada a unos vecinos ávidos de fiesta y ataviados para la misma, que se mostraban deseosos de encontrarse con las decenas de puestos allí instalados; capaces de ofrecer un entretenido recorrido por entre las diferentes propuestas expositivas, reunidas en torno a la alimentación y a la artesanía como puntos base, pero con sus especificidades bien definidas a lo largo de sus atractivos y bien montados puntos de venta que hacían la delicia de los paseantes.   

(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 12/02/2014)
 
 

miércoles, 5 de febrero de 2014

EL REPICAR DE LAS CAMPANAS


El lograr subir al campanario de la torre de la iglesia de mi pueblo no era “moco de pavo”, dicho sea en lenguaje coloquial. Porque no era fácil, ni mucho menos, el acceder hasta él de buenas a primeras, incluso hasta resultaba un tanto peligroso si tenías la mala fortuna de dar un traspiés en el camino.

Y ello, porque el acceso a la torre entrañaba en su inicio bastante dificultad: dos especie de vigas, colocadas en horizontal una junto a otra, salvaban el foso existente desde la entrada a través del coro, hasta tomar la escalera interior de piedra que permitía, desde allí sí, alcanzar la cima de la misma.

Sin embargo, a los chavales, intrépidos aventureros siempre por naturaleza, nos gustaba acceder a ella para ayudar, en la medida de nuestras posibilidades –así tratábamos de venderlo cara a los mayores-, a los mozos del pueblo a voltear las campanas, que de eso sabían un rato y, además, tenían la fuerza suficiente para poder mover aquellas impresionantes moles de hierro y madera que tan profundo sonido extendían por cada uno de los rincones del pueblo; sobre todo el día de la fiesta, mientras el resto de vecinos, allá abajo, en las calles, procesionaban al santo con extraordinaria fe y devoción.

Claro que aquel sonido, que en el exterior era ya potente por naturaleza y retumbaba con fuerza en las calles más próximas a la iglesia, en el pequeño cubículo del campanario resultaba ensordecedor por momentos, con la totalidad de las campanas tañendo a un tiempo.  Pero no nos importaba en demasía este atronador redoblar de las campanas; porque, a cambio, descubríamos unas perspectivas nuevas y un mundo diferente de nuestro pueblo y sus alrededores desde aquel extraordinario punto de observación.
 
Y desde allí, con el sonido a fiesta impregnando nuestros oídos, tratábamos de buscar nuestras respectivas casas en medio de aquel conglomerado de tejados de variadas formas y chimeneas apuntando al cielo; también la plaza en la que ejecutábamos la mayoría de nuestros juegos; y la escuela al final de la calle principal y, junto a ella, la era donde disputábamos los grandes y trascendentales partidos de fútbol. Y allí donde el cielo parecía tocar el horizonte, el final del camino del río –nuestro río Carrión de referencia, cristalino y cantarín por excelencia-, que los veranos mitigaba nuestros calores con un chapuzón en sus límpidas aguas. Pero de las palomas y resto de aves que habitaban la torre, ni rastro.
 
(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 5/02/2014)

miércoles, 29 de enero de 2014

LOS MIÉRCOLES, AL CINE


Tiempos hubo por aquí, aún podríamos recordarlos como no demasiado lejanos a buen seguro, en los que las Salas de cine se abarrotaban de gente y en ocasiones, los fines de semana en especial, hasta se ponían literalmente de bote en bote de un público fiel al “séptimo arte”, que no dudaba en disponer de un par de horas de su tarde de asueto y vacación para acomodarse en una de estas salas y disfrutar con la película de turno, elegida en la mayoría de las ocasiones minutos antes tras consultar las carteleras de promoción. 

Y no digamos ya si nos vamos algunos años hacia atrás y traemos a la memoria aquella famosa “sesión continua” de algunos de nuestros cines de aquel entonces. Aquello sí que era verdadero amor al cine por parte de los espectadores que a ella acudían; aparte, claro está, de otros detalles más de mayor o menor trascendencia que a todos se nos ocurren.

Con el tiempo como testigo, fueron desarrollándose un sinfín de acontecimientos que cambiaron o condicionaron, incluso, las actitudes y las preferencias de las gentes en este sentido, y los cines fueron perdiendo poco a poco espectadores.

Uno de estos condicionantes fue de alguna manera el precio de las entradas, encontrándonos en el momento actual con que la gente quiere ir al cine, pero los altos precios les hacen volverse atrás a un buen número de personas.

Por ello, visto este handicap, se ha puesto en marcha estos días una promoción de este noble arte, pactada entre productores, distribuidores y exhibidores, que tiene como objeto abaratar las entradas de cada miércoles de la semana, durante los próximos tres meses, hasta los 3,90 euros.  Un precio que, haciéndolo popular, tenga como consecuencia el que los espectadores fluyan en gran número a las Salas de cine.

Y así ha ocurrido al parecer durante los miércoles que ya lleva en vigor esta iniciativa, según las informaciones puestas de relieve.  Situación favorable que ya se puso en evidencia cuando en octubre pasado, con motivo de la Fiesta del Cine, se vio que bajando los precios de las entradas hasta los 2,90 euros durante tres días, se disparó hacia arriba el número de espectadores que acudieron a los cines.
 
Así que, durante los próximos miércoles hasta el 15 de abril, vamos a poder disfrutar, los palentinos también en nuestros cines capitalinos, de los grandes estrenos del “séptimo arte” a un precio muy reducido y a toda pantalla.
 
(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 29/01/2014)

miércoles, 22 de enero de 2014

CAMINANDO CON LOS DÍAS


Ahora, en este aparte de la noche, todavía sin demasiado camino recorrido, cuando el viento parece soplar en el exterior con una cierta fuerza y el invierno va resultando más riguroso por momentos, dejando casi barridas de gente las calles de la ciudad, a pesar de la hora no demasiado intempestiva que señala el reloj de la cercana torre de la Catedral, aunque sí con la oscuridad hecha la dueña absoluta de todo; este tramo de la calle le recorren solamente dos sombras: un hombre y su perro, en el acostumbrado paseo nocturno atendiendo las diarias exigencias del animal.

Atrás quedaron ya las grandes aglomeraciones de ciudadanos de los días anteriores, con las calles más céntricas de la urbe de bote en bote, trasteando de acá para allá con mil y un motivos diferentes, o quizá sin él muchos de ellos y paseando sólo por el gusto de hacerlo y de percibir la iluminación y decoración verdaderamente extraordinarias que les ofrece el municipio, saliéndoles al encuentro con los brazos abiertos y la alegría inundando cada rincón de las calles; no en vano el aire de fiesta lo envuelve todo, invitando de esta guisa al disfrute y al consumo con abundante procacidad.

Y hasta trastabillando en alguna ocasión por la prisa del momento y de una baldosa en mal estado o de una profunda irregularidad del pavimento, con el consiguiente susto del protagonista y del personal de a pie del inmediato  alrededor, aunque en algunos de estos últimos surja también de manera sorpresiva alguna sonrisa un tanto maliciosa, más que nada por lo inesperado del suceso y la inoperancia de las acciones del ínclito ciudadano tratando de evitar el dar con su cuerpo en tierra.

Entretanto, en el ahora mismo, aquellas dos sombras: un hombre y su perro, que recorren en solitario este tramo de la calle, han avanzado varios metros y, antes de finalizar el recorrido de ésta, se pierden por una calleja lateral, quedando la principal en total soledad.
 
Justo, cuando vuelve a arreciar la lluvia y un viento casi huracanado se une a ella para mostrar bien a las claras quién “manda” en el exterior, imponiendo por momentos sus respetos y dejando constancia de que “en invierno no hay mejor amigo que una capa de abrigo”, máxime cuando estamos en enero y leemos que “un mes antes y otro después de Navidad, es invierno de verdad”. Será ésta, entonces, la realidad con la que caminamos con los días.  

Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 22/01/2014)
 

miércoles, 15 de enero de 2014

EN ESTOS PRIMEROS DÍAS


Tras los grandes fastos de la recién concluida Navidad, en especial los que tuvieron por objeto el procurar al personal que así lo buscó la más espectacular y glamurosa de las bienvenidas al nuevo año, tirando incluso la casa por la ventana dada la ocasión, y alguna resaca que otra de los días posteriores, por aquello, quizás, de rematar la fiesta como su leal y docto saber les demandaba; y por mor de las tradicionales rebajas comerciales que les siguen de manera inmediata a las celebraciones festivas, las calles de la ciudad seguirán mostrándonos su mejor cara por algunos días más, por aquello de encontrarse a rebosar de ciudadanos en un continuo ir y venir de acá para allá tratando de hacerse con las mejores ofertas del momento, porque la cuesta de enero no perdonará tampoco este año.

Calles éstas que, sin embargo, adolecerán en su exterior de alguna vistosidad pasada, como la que le proporcionaban estos días pasados los adornos navideños que, a estas alturas de los hechos, habrán pasado ya a engrosar la lista interior de nuestros recuerdos de estas fechas.

Pero estos primeros días del año conforman también el inicio de la primera de las páginas en blanco de un gran libro que iremos escribiendo día a día con los acontecimientos de uno y otro signo que nos vayan sucediendo tanto a grandes como a chicos.

Y en ello estamos desde el minuto uno de este 2014, que todos nos hemos deseado, con entusiasta y sentida profusión, nos resulte “feliz y próspero” –que por ello no quede-, que de vivirle ya nos encargaremos todos nosotros momento a momento, con nuestras alegrías y nuestras cuitas en nuestros quehaceres diarios.

Porque, en estos primeros días del año, nos quedan tantas personas a las que conocer, tantos lugares pendientes de visitar, tantos libros esperándonos sobre la estantería, tantas cosas maravillosas por aprender, tanto cariño que dar y recibir…, tanta vida para ser vivida, en definitiva, que es prioritario iniciar ya nuestro recorrido del día a día.
 
Que todo lo anterior se desarrolle de una forma ordenada y satisfactoria para cada uno de nosotros, y que aquellos propósitos que, sin duda, nos habremos marcado durante estos primeros días, lleguen a buen puerto hechos realidad al final del año. 

Porque seguro que nos lo merecemos.

(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 15/01/2014)

miércoles, 8 de enero de 2014

PASÓ LA NAVIDAD


Bueno, pues llegada esta fecha de enero del nuevo año, miércoles 8, ocurre que ya pasó el día de Navidad y su gran víspera; y también el día de Año Nuevo y su inmediato anterior.  Y también la fiesta de Reyes.  Y a estas alturas de enero, todo el mundo andará ya en sus quehaceres habituales o a punto de retomarlos; esto es, como expresa el dicho popular: “cada mochuelo en su olivo”.

Y por coincidencias y azares de la edición del periódico (ya saben que el día de Navidad y el día de Año Nuevo no se elabora este rotativo, al igual que tampoco otros de tirada nacional), éste que suscribe no ha tenido la oportunidad de felicitarles a todos ustedes el nuevo año recién comenzado.  Así que, como de “bien nacidos es ser agradecidos”, lo hago ahora sin más dilación: ¡Feliz Año Nuevo 2014!, queridos lectores de estas líneas semanales.

En efecto, y enlazando con mis primeras palabras, seguro que sin darnos demasiada cuenta, pasó la Navidad por nuestras vidas, cuando pareciera como si fuese ayer mismo que la comenzábamos… Aunque esta aseveración bien sabemos que no vale ya para nuestros días, porque no fue ayer precisamente, sino que llevábamos “estando de Navidad” desde hacía más de un mes. 

Y cada año vemos cómo se la hace comenzar mucho más pronto.  Apenas despuntado noviembre ya comienza un sector de la sociedad a mostrarse inquieto y a propagar a los cuatro vientos que “ya es Navidad”, aunque la nieve y los rigores climatológicos no hayan hecho siquiera acto de presencia en las cumbres más elevadas, como desde siempre estábamos acostumbrados a escuchar y sentir. 

Y es que desde que una gran cadena comercial de ropa y regalos dijo aquello de que en sus instalaciones “ya era Navidad”, todo el mundo comenzó a revolucionarse y a ponerse en la misma línea de salida para no quedarse atrás ni un ápice.  Y así hemos llegado a estar donde estamos en cuanto al adelanto de esta celebración.
 
Total que, entre unas cosas y otras, pensares y otras meditaciones y rebajas mil por doquier, pasarán estos primeros días del año tratando de regresar, si es que hubo parón navideño, a nuestros quehaceres del día a día que, en esencia, no será más que regresar a la rutina -¡bendita rutina!, para algunos-, y a la práctica de lo que nos es más habitual, que es cuando la excepción sienta mejor.  Porque una vez comenzado, el propio impulso te hará que sigas y sigas sin parar.     

(Publicado en el Periódico "Diario Palentino" el 08/01/2014)