Cuando en
torno a los años 60-70, nosotros, los internos del Colegio de frailes de la
localidad de Cervera de Pisuerga, en nuestros paseos y excursiones por los
alrededores del centro, pisábamos las tierras y parajes paisajísticos tan
preclaros de nuestra montaña palentina, ya nos asombrábamos en nuestras
conversaciones a pie de camino de la belleza que encerraban aquellos paisajes
que nosotros, con nuestra corta edad de chavales que aún no habíamos alcanzado
la adolescencia, ya comenzábamos a admirar y a explorar maravillados de todo lo
que nuestros ojos iban contemplando a cada paso. Y así un día tras otro.
Pasaron los años, las gentes de aquellos lugares y de otros fuera del entorno se fueron aficionando cada vez más a la montaña y fueron poco a poco descubriendo estos paisajes tan maravillosos y llenos de encanto. Las administraciones públicas, por su parte, se fueron concienciando de la necesidad de conservación de estos espacios naturales de forma integral. Pensando en gestionar su uso de una manera ecuánime y equilibrada, reglamentando su uso, y comenzando a preocuparse por su conservación.
Así,
surgiría entonces, año 2000, el Parque Natural de la Montaña Palentina –que,
por tanto, ahora cumple veinticinco años de vida-, para poner en valor su
contribución a la conservación del entorno y al desarrollo de los municipios
que lo integran. Municipios entre los
que, por su mayor población, destacan Barruelo de Santullán, Brañosera, Aguilar
de Campoo, Velilla del Río Carrión, Cervera de Pisuerga, San Cebrián de Mudá,
La Pernía o Castrejón de la Peña, que coincidirían con las cabeceras de
nuestros ríos norteños, Carrión, Pisuerga y Rubagón.
Un
espacio geográfico de nuestro norte provincial que, con su centro de
actividades en torno a la Casa del Parque de la localidad de Cervera de
Pisuerga, busca proteger y preservar estos entornos de nuestra Montaña
Palentina, ahondando en el desarrollo socioeconómico de los municipios que
abarca, tratando de poner en valor elementos tan importantes como el arte
románico, el fuero de Brañosera, la reserva de osos o la reserva de bisontes;
enclavado todo ello en sus límites territoriales.